Propiedades físicas: la madera como ser vivo
Regulación de la humedad.
La madera convenientemente tratada y secada, mantiene siempre un equilibrio con el grado de humedad del entorno.
Es decir, si la madera ‘detecta’ un entorno más húmedo, absorbe parte de esta humedad para mantener un equilibrio natural, y la elimina de su interior si el ambiente es más seco.
Resistente a la conducción de calor.
La madera es considerada un mal conductor del calor, es decir, mantiene su calor interno y no ,interacciona con el entorno.
Cojamos una pieza metálica y una de madera. Toquemos con la punta del dedo la pieza metálica y la notaremos muy fría. En cambio la de madera nos dará una sensación de calidez. El metal, al ser muy buen conductor de la temperatura, nos ‘roba’ el calor de nuestro dedo y lo transmite por su interior. En cambio la madera, mantiene el suyo propio y no precisa de calor externo.
Por tanto, en una habitación donde predomine la madera sobre el metal siempre mantendremos un clima más cálido y agradable favorecedor del sueño y del descanso.
Propiedades mecánicas: la estructura de descanso perfecta
Dureza.
Se define como la capacidad de resistencia de un material a ser cortado o penetrado por un elemento punzante.
Ante esta definición entendemos que no precisamos que nuestro material de construcción sea duro, más bien al contrario.
La dureza justa de la madera, la hace dócil y noble tanto a la hora de usarla como de trabajarla, permitiendo ofrecer infinidad de diseños que no se consiguen con estructuras de metal.
Flexibilidad y elasticidad.
Debemos asociar estos dos conceptos al hablar de sistemas de descanso.
Entendemos elasticidad como la deformación de un material relacionada con una determinada fuerza aplicada sobre una superficie acotada, y su capacidad para retornar a su estado original y flexibilidad como la capacidad del material de ser curvado o doblado hasta el punto de rotura y capacidad de recuperación.
Por tanto, el material adecuado es aquel que ofrezca un sustento firme pero que permita una gran adaptabilidad.
La madera presenta como característica una cierta elasticidad con lo que nos ofrece una superficie de soporte firme, muy adaptable y que no se deforma. Además, la flexibilidad de la madera permite fabricar, por ejemplo, lamas de suspensión, cosa impensable con ningún metal común. La madera de haya es el ejemplo de mayor elasticidad y recuperación dentro del mundo de estos materiales.

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