El tamaño de nuestra cama.

En la actualidad el tamaño de las cosas ha cobrado una vital importancia. Por un lado, buscamos reducir el tamaño al mínimo, como ocurre con los teléfonos móviles. Pretendemos que estén repletos de aplicaciones pero siempre en el mínimo espacio y peso para poder transportarlo y usarlo de forma cómoda. Algo parecido puede ocurrir con los coches. Estos deben ser compactos para que sean ágiles en su conducción y nos faciliten, por ejemplo, aparcar en una gran ciudad.

Por otro lado, si hablamos de un televisor, seguramente nos gustará de pantalla grande, la más grande posible en función de donde lo vayamos a ubicar.

Pero, ¿cuál debe ser el tamaño adecuado para nuestra cama?.

Hagamos un análisis de las fases por las que pasamos durante nuestra vida.

Cuando nacemos, dormimos en una cuna. Esta cuna es de medidas 80x130 cm, 60x120 cm o bien de 70x140 cm. Si nos fijamos, para un recién nacido, disponemos de un espacio de descanso de 70 cm de ancho de media. A medida que crecemos y pasamos a la adolescencia, dormimos en una cama de 90, 100 o 105 cm de ancho y de 190 o 200 cm de largo.

Pero ¿qué ocurre cuando pasamos a dormir en pareja? De forma estándar, una cama doble tiene un ancho de 135 cm.

Esto significa que, cuando más espacio necesitamos, por nuestra constitución y peso, menos le otorgamos a la cama. Una cama de 135 cm significa que a cada uno de los durmientes de la pareja le corresponden 67,5 cm de ancho, es decir, ¡incluso menos que cuando dormíamos en la cuna!

Resulta evidente que es difícil disponer de mucho espacio en los reducidas viviendas de hoy en día. Pero también es evidente que tan importante es el tamaño del sistema de descanso como su composición o materiales.

Siempre que nos sea posible, una cama doble no debería tener un ancho menor a 150 cm (significa 75 cm para cada durmiente). De esta forma nuestro espacio personal de descanso nos permitiría descansar con comodidad y efectuar movimientos y giros sin dificultad. La medida ideal estaría a partir de los 150 cm de ancho, es decir, 160, 180 o 200 cms de ancho (el doble de la medida que empleamos en la adolescencia).

Respecto al largo, este debe ser de un mínimo de 10 cm más que nuestra estatura, para poder acomodar los pies y los brazos de forma libre.

Durante muchos años, el largo estándar de las camas en España ha sido de 180 cm. Pero en la actualidad, y gracias a un cambio de mentalidad en materia de descanso y al cambio de constitución física de los españoles, este se ha ampliado hasta los 190, 200 o incluso 210 cm de largo.

Por tanto, nuestra recomendación es intentar encontrar la solución para poder acomodar un sistema de descanso de las máximas dimensiones que nuestra habitación nos permita de forma que nos permita disfrutar de nuestro espacio necesario de descanso.